Criticos y La Amenaza Fantasma: Como hace una decada

He conversado varias veces con mis compañeros de la página web acerca de la gran falta de tiempo que tenemos para dedicarnos a esta afición. Aquel es un comentario en son de broma. Lógicamente, somos grandes admiradores de Star Wars pero está claro que tenemos una escala de prioridades en nuestra vida y que debe ser respetada. Por eso cuando llegamos a fechas especiales hacemos un alto para meditar sobre el evento, pero también sobre nosotros mismos, sobre lo que hacemos y donde nos encontramos en este momento, surgiendo al final una conclusión cargada de realismos que nos impulsa a seguir adelante.

La historia es llevada por los Jedi Qui-Gon y Obi-Wan
La historia es llevada por los Jedi Qui-Gon y Obi-Wan

Diez años de Episodio I ha generado en esa sensación, una clara nostalgia de lo vivido y de lo que aún queda por hacer. Es imposible olvidar todo lo generado a raíz de esta película para nosotros y especialmente para mi persona, pero en esta oportunidad no deseo tratar mucho de eso, tal vez pronto lo haga. Lo que trato de expresar es el gran cariño que guardo por esa película y las sensaciones que no pocos sintieron luego de su estreno.

La voz fuerte, la que grita sobre los demás, la que abunda (no por eso la más sabia) ha criticado negativamente Episodio I, se ha dicho muchas cosas sobre el filme, sobre la capacidad de Lucas para dirigir, producir, crear, todo en nombre de los fans recalcitrantes que no quisieron entender que sus años de niño ya habían pasado y que una nueva etapa nacía para fans más jóvenes. La voz silenciosa provenía de quienes vieron, disfrutaron y callaron. La voz pausada salía de los espectadores más objetivos, muchos con suficiente edad para recordar las películas originales y con la suficiente claridad para entender que ya no éramos los mismos de antes y que muchas cosas habían cambiado.

He querido recopilar para esta primera parte de mi artículo tres comentarios publicados en Perú a pocos días del estreno de La Amenaza Fantasma; cargados de nostalgia algunos, y de inquietud, otros. Considero personalmente que guardan las opiniones más centradas desde cada punto de vista. A sus respectivos autores les pido disculpas por utilizar sus escritos, por no haber tenido tiempo de ubicarlos para solicitarles una autorización. Dije al inicio de esta nota que tenemos un serio problema de falta de tiempo, pienso que abuso un poco de eso, pero quiero defenderme diciendo que lo que escribieron merecía ser recordado, por lo bueno que expresan, por lo malo, pero sobre todo por la objetividad, algo que hace mucho tiempo atrás se perdió casi para siempre.

Cine: Episodio I – La Amenaza Fantasma

Pese al seguro éxito de la nueva entrega de Star Wars, Lucas mantuvo a lo largo de estos años el deseo de continuar la saga en reserva, dedicándose a sus proyectos de efectos especiales. Finalmente cedió al pedido de sus miles de fans, que no se han visto decepcionados ante el espectacular despliegue visual de la nueva cinta. La acción de Episodio I se sitúa en el planeta Naboo, reino de la soberana Amidala (Portman) amenazado por la invasión de la Federación de Comercio. El Caballero Jedi Qui-Gon (Neeson) y su discípulo Obi-Wan (McGregor) tienen como misión llevar a la reina ante el Senado de la República, pero los enredos burocráticos sólo ayudarán a consolidar la conquista de Naboo, a menos que los Jedi inicien la liberación del planeta mediante la alianza de sus distintos pueblos.

Una de las escenas de acción: la carrera de pods
Una de las escenas de acción: la carrera de pods

Uno de los mayores riesgos del filme era precisamente salir del universo tradicional que todos conocemos (Luke Skywalker, Han Solo, etc.) y presentar a una nueva generación de personajes al lado de otros ya tradicionales, pero en su juventud. El resultado es positivo, gracias a la habilidad de Lucas para adaptar la sofisticada gama de efectos especiales en un relato que, sin ser muy innovador, consigue ganarse a la platea. No se le puede quitar méritos al director como uno de los genios contemporáneos del cine de entretenimiento, alimentado por el aliento épico de diversos géneros que pasan por el western y la road-movie. Lucas rinde un permanente homenaje al cine de aventuras, del que se declara tributario desde Indiana Jones. En contraparte, no deja de extrañar la descuidada dirección de actores y el tratamiento vago de algunos personajes como el malvado Darth Maul o el desganado Obi-Wan. Descuidado o no, Lucas revela ya su intención de dirigirse a un público netamente infantil, despojando a la historia de cierta dosis de malicia que ha caracterizado a otros de sus filmes, y haciéndole guiños a los púberes a través del dislocado Jar Jar Binks. La película resulta entretenida, pero se espera mucho más de los capítulos siguientes.

Gonzalo Hurtado (Visto y Bueno – El Comercio, Edición quincenal del 30 de julio al 12 de agosto)

La Amenaza Fantasma: Reclamo de un fan decepcionado

Veintidós años después del estreno de “La Guerra de las Galaxias”, la princesa Leia es una alcohólica redimida que escribe guiones para la ceremonia del Oscar, Luke Skywalker hace peliculillas que nadie ve y Han Solo gana 25 millones de dólares por buscar arcas perdidas, fungir de Presidente de los Estados Unidos huir del implacable asedio del teniente Gerard, obsesionado con su captura.

El tiempo ha dejado huella en los intérpretes de los personajes que solo la imaginación de George Lucas pudo crear. Con una historia simple, pero repleta de magia, misticismo y valor, el compinche de Steven Spielberg se metió a una generación en el bolsillo. Hoy su energía creativa está tan arrugada como las bolsas que le salieron debajo de los ojos. Como al pobre Anakin Skywalker, la Fuerza lo abandonó.

Para quien esperó con ansiedad de fan volver a escuchar la marcha de tambores de la Fox y zambullirse en el relato que representó tanto en su infancia, la decepción no pudo ser mayor. En el continuo zumbar de navecillas escupiendo ráfagas mortales de luz, los maravillosos decorados generados por ordenador y los monstruos informes paseándose por la pantalla, hay una apuesta desvergonzada por el muñequito de regalo por la compra de la cajita feliz. Sí, pues, en este mundo hipercomercializado, este viejo fan – bueno, no tan viejo – pecó de ingenuo.

El inicio de la aventura de Anakin
El inicio de la aventura de Anakin

¿Y qué hubo de la Fuerza, del código de honor de los Caballeros Jedi?. Cómo extrañé, no el espíritu aventurero de Han Solo o la sabiduría de Yoda, sino una pisca de humanidad. Porque en “La Amenaza Fantasma” todo se ve, nada se sugiere. Lo único fantasmal son los personajes. No hay rastros de aquel Luke inocentón que, llevado por su propia curiosidad, conoció los secretos de su pasado y lo que le depararía el futuro. No hay nada. Recuerdo mis duelos con imaginarias espadas laser. Una linterna y un buen ‘seseo’ para imitar su vibración bastaban para vengar la muerte de Obi Wan Kenobi o descubrir qué había debajo del casco de Darth Vader. Y, claro, recuerdo también el nudo en la garganta cuando Han fue convertido en una estatua de carbonita y la marcha imperial taponeaba mis oídos. Encima, Vader le cortó de un tajo la mano a Luke y le dijo que era su padre. El día no pudo ser peor. En esa época quería ser como el capitán Solo, Hacía lo que le venía en gana, tenía su propia nave que manejaba a la velocidad de la luz y, sobre todo, podía besar a Leia, que en ‘El Regreso del Jedi’ abandonó su horroroso peinado estilo walkman y más de una prenda para enseñarnos que los cuerpos bonitos no estaban prohibidos en medio de tanta guerra. ¿Algún niño querrá imitar ahora al aburrido Obi Wan que compone Ewan Mc.Gragor o soltará una sonrisa con las pachotadas de ese mamotreto virtual llamado Jar Jar Binks? No lo creo, aunque… quién sabe. De repente me estoy poniendo viejo.

Pedro Ortiz (El Comercio, 21 de julio de 1999)

Jugando a la guerra… de las galaxias: El regreso de los Jedi

No voy a decir que el Episodio I me ha decepcionado. Tampoco diré que George Lucas se ha reblandecido, que ahora la gente no entiende la Fuerza. Porque el otro día entre los muñequitos de “La Guerra de las Galaxias” que se vendían en una gran tienda, la piel se me erizó con la misma sensación épica de poder y de deber que me invadía hace 15 años, cuando jugaba con los primos a salvar el universo de las garras de Darth Vader. Entonces, todos éramos los buenos. Tarik, el primo mayor, era Han Solo y Karel, el segundo era Luke Skywalker. La verdad se parecían bastante; en todo caso eran una versión infantil y cachetona de mis dos héroes. A diferencia de quien escribe, que se autoproclamaba Princesa Leia sin más derecho que su afán de liderazgo.

Maul, brazo del Lado Oscuro
Maul, brazo del Lado Oscuro

Sin embargo, cuando necesitábamos orquestar grandes batallas, importantes negociaciones o luchas interplanetarias, la suerte decidía quienes eran los titiriteros de la Rebelión y quienes del Imperio. Los primeros sacaban de su baúl de juguetes su universo en miniatura: una Millenium Falcon, una enorme cabeza de Darth Vader llena de soldados imperiales y decenas de muñequitos que aseguraban que habría suficientes cadáveres, rehenes y guerreros. Héroes y villanos caminaban torpes y rígidos a través del pasto mediante nuestros deditos mugres y pegajosos, dudosos deus ex machina.

Para nosotros, “La Guerra de las Galaxias” era más que un éxito cinematográfico. Y mucho, mucho más que una moda. No en vano George Lucas consultó a expertos en mitos arquetípicos, como Joseph Campbell, para escribir la serie; la saga representaba para nosotros el orden del mundo. Era la lucha de la luz contra las sombras, a la que inicialmente uno se resiste como Han Solo, pero que al asumirla le otorga un sentido a la propia existencia.

Pero también nos hizo tomar conciencia de que el lado oscuro se esconde en los rincones más insospechados. Descubrir que Darth Vader era el padre de Luke resquebrajó todos nuestros esquemas; significaba que en los genes del noble e ingenuo Luke había algo del enemigo. Y éste, a su vez, había sido tiempo atrás el mejor Jedi. Comprendimos asombrados, que las categorías del bien y el mal no eran tan inflexibles como creíamos. Aunque quizá nos sacudió más saber que Leia y Luke, que se habían besado, eran hermanos. Todas estas preguntas que dejó en el aire la perturbadora “El Regreso del Jedi” necesitaban una respuesta. Y la respuesta debía venir del pasado. Teníamos que remontarnos a la época en que Lord Vader era un niño dulce, y se llamaba Anakin Skywalker.

Había una vez…

tpm_criticos_5La Amenaza Fantasma nos da ciertos indicios. Nos muestra el preciso instante en que todo empieza a venirse abajo, imperceptiblemente. Nos presenta al pequeño Anakin, un chiquillo lindo, pero que no llega a ganar nuestro corazón: en ciertos instantes vislumbramos los rasgos que lo conducirán al lado oscuro. No sólo nos referimos al miedo que percibe Yoda: Anakin se deja llevar en ocasiones por una sospechosa ambición, por una peligrosa seguridad. Aunque Luke también estaba empecinado en ser Jedi, su terquedad infantil era inocente. La de Anakin pudo engañar a Qui Gon Jinn, pero el espectador atento puede ver detrás de su actitud, que podría parecer entrañable, un deseo de poder alimentado por el ego y por el miedo.

Hay quienes lamentan la falta de profundidad de los personajes del Episodio I. Pero si Lucas eligió empezar con los episodios cuatro, cinco y seis, fue precisamente por que guardan el núcleo de acción y emociones de la serie. “El hobbit”, de J.R.R. Tolkien es una historia ‘menor’ si se le compara con la saga de “El Señor de los Anillos”. Pero, como el Episodio I, es un relato que contextualiza la lucha contra la oscuridad.

Años después…

Los Jedi blanden sus espadas en un emocionante duelo
Los Jedi blanden sus espadas en un emocionante duelo

La nostalgia podría tendernos una trampa, haciéndonos creer que cuando éramos niños jugar con los muñequitos era diferente y que ahora ya no hay mística. Pero seamos sinceros: hace quince años también era un negocio. Es cierto que no nos han causado mucha gracia las figuritas con voz; eso de la reina Amidala diciendo con acento español que su reino es Naboo, rompe estrepitosamente la fantasía. Pero como no morirse por ese Qui Gon Jinn grande, con ropa de verdad y pelo ondeando al viento. Como no querer un ‘podracer‘ o el taller de mecánica de Watto. Y que ganas de tener entre manos una espada láser tamaño natural, que se extiende hasta casi 90 centímetros, tiene zumbido de energía y emite sonidos de batalla con el movimiento. También están los muñequitos de Han y Luke, además de una sexy Princesa Leia con la ropa impúdica de cuando era prisionera de Jabba el Hutt, cadena incluida. Y los legos de siempre para armar navecitas.

Al salir de la tienda llamé a mi primo Tarik, a Han Solo. ¿Guardaría los muñecos antiguos, los podría fotografiar para este artículo? Dijo que creía seguir teniendo la Millenium Falcon, vieja y rota. Pero al rato llamó diciendo que ya no estaba en el cajón de los recuerdos. Sonreí, con los ojos un poquito húmedos. La nave había partido sin nosotros.

Alessandra Pinasco (El Comercio, 25 de julio de 1999)

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