Concurso de Fan Fiction 2006: 2do Finalista

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– ¡Yo también quiero ser Jedi!!

El pequeño de ocho años había abandonado bruscamente sus divagaciones fantasiosas, en las que él se imaginaba como un héroe de las Guerras Clónicas, las mismas que no dejaban, con sus noticias malas y buenas, conciliar el sueño ni a su familia ni a él mismo. Se veía como un héroe empuñando su poderoso y temible sable luminoso, persiguiendo y exterminando a sus enemigos desalmados -en todo el sentido que esta última palabra acepta- desmoronando a su paso legiones enteras de robotizados ejércitos, poderosos vehículos de combate y naves no menos amenazadoras. Se recreaba como un poderoso General Jedi, o por lo menos Comandante, dando órdenes a su obediente ejército clonado y demostrando con el ejemplo, combatiendo en primera fila, evadiendo los disparos enemigos o devolviéndolos. Se ilusionaba con los honores, la atención y el respeto que le correspondería por haber entregado su ser a tan nobles fines, conocería mundos lejanos y exóticos, extrañas y llamativas criaturas, viajaría en las más modernas naves, luciría con orgullo su simple pero llamativo atuendo… Ilusiones de infante. Se dirigió a toda prisa de su habitación a la sala buscando a su madre, antes de darse cuenta que esta aún no regresaba de sus obligaciones laborales.

– ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Ya sé que quiero ser cuando crezca!

En el trayecto inesperadamente tropezó con su hermano, quien, como todo hermano mayor que se precie de serlo, no dejaba de tomarlo de punto y buscarle pleito. Seis años mayor que su hermanito, no se caracterizaba precisamente por su madurez, era una suerte de gamberro. Pero esta vez no estaba preparado para lo que se venía.

– Oye pequeño engendro, la vieja aún no llega y si no dejas de gritar así voy a tener que llamar a los clones para que te enrolen…

– ¡Mejor así! ¡Quiero estar con los Jedi! ¡Quiero ser uno de ellos!

– ¡Ja ja ja ja! ¡No seas iluso! ¡Nadie como nosotros puede ser Jedi!

– ¿Cómo que no? ¿No has oído de Anakin Skywalker, el esclavo que se volvió Jedi?¿No sabes de sus hazañas? ¡Ahora él es el más poderoso de la Orden y pronto será su líder!

– Los Jedi no enrolan a cualquiera, buscan a quienes tienen poderes como los suyos, los adoptan desde bebés y… para que sigo hablando, no eres mas que un mocoso terco y consentido que todo el tiempo inventa un cuento nuevo y quieres que todos caigamos en él.

El hermano creyó, como casi siempre lo hacía, que haría enojar y reaccionar al pequeño, entonces se disponía a “ganar” otra pelea más a cuenta de abuso, acostumbrado como estaba, pero el más chico inexplicablemente mantuvo una serenidad inusual y replicó:

– No te tengo miedo, no caeré otra vez en el Lado Oscuro.

– ¿Miedo de qué? ¿De perder otra vez? Espera… ¿de donde sacaste toda esa basura? ¿Lo has leído o escuchado de alguien? ¿Has leído acaso? ja ja ja ja…

– Tus burlas no me hacen merma. Pobre criatura, busca poder en el Lado Oscuro, y sólo gana porque puede abusar de sus menores. A ver ¿los de tu clase te respetan? ¿Los del año superior te consideran bien?

– No te metas conmigo de esa forma, mocoso insolente, sabes lo que puedo hacerte y buscarás otra vez protegerte con “tu” mamita. No te hagas el Jedi… digo, el loco y vamos acabemos esto de una vez de hombre a simulacro de hombre…

– Yo aún soy niño y tú todavía no eres mayor de edad…

Dicho esto, el adolescente se abalanzó sobre su hermano, tomándolo del cuello y gritándole empezó a abofetearlo en su cara… o al menos eso esperaba hacer. Cayó de bruces sobre el suelo, viendo la galaxia entera y sus alrededores y cuando logró levantarse notó algo de sangre en la nariz y en la barbilla. Los nudillos de su mano derecha estaban también adoloridos, su otra mano también tenía dolores, pues no estaba preparada para resistir el impacto ¡Había caído dándole un puñetazo al suelo sin poderse frenar y eso hizo que su cara también impactara!

– ¿Qué? ¿dónde se fue el mocoso?

Su hermano estuvo todo el tiempo a su costado, menos donde creía que debería. “Juraría que estaba frente a mí” se dijo, pero no tuvo otra explicación para la “desaparición súbita”, entonces se repuso, giró 30 grados a la izquierda -donde vio al pequeño- e intentó desquitarse.

– ¡Me la vas a pagar! ¡No sé como lo hiciste pero eso te saldrá caro! ¡Te convertiré en excremento de bantha!

Y… volvió a suceder. Esta vez chocó contra una pared, pero furioso como estaba no fue precavido y el golpe fue mayor… El joven sangraba más y esta vez sus nudillos fueron las principales víctimas. También tropezó con algo que olvidó haber dejado ahí mismo, su skatespeeder, lo que hizo que cayera al suelo al intentar sobreponerse, pero el impacto del golpe activó al aparato el cual salió disparado sin control, terminando su existencia estrellándose contra la pared adyacente. Una pequeña explosión del motorcillo marcó el momento, seguida de una pequeña estela irregular de humo.

– Esto no tiene perdón ¡No sabes lo que estás haciendo! ¡Deja de moverte y pelea! ¡Basura gungan!

– Pero yo no me he movido. Has sido tú quien ha visto lo que ha creído ver. Solo nosotros mismos disponemos de lo que tenemos y lo vemos como queremos que sean vistos. Estás oscurecido en tu mente con el odio y vez lo que crees que hay. El odio que sientes por mí, por tu hermano te está nublando la razón y te ha hecho caer dos veces.

– ¡Quémate en Mustafar! ¡No te muevas de ahí!

Una vez mas, el hermano dio media vuelta, cayó enceguecido por su odio y se lastimó con más fuerza. Tropezó con una pequeña mesita transparente, cuyo irrompible material la mantuvo intacta, exceptuando al enfurecido muchacho que volvió a caer, esta vez de rodillas, y sus adoloridas manos no ofrecieron mucho apoyo en la caída, sufriendo su cuerpo un fuerte impacto. Un pequeño florero de cristal había caído antes en el lugar y sus astillas le provocaron numerosas heridas. Su estado era más que lamentable, ahora si tenía miedo, confusión, y mucho más dolor, tres veces que no estaba su hermano donde debería estar, tres veces que cae víctima de su propia vehemencia y furia.

– ¿Quién eh… eres tú? ¿Qué buscas?

– Soy tu hermano. Busco la paz y el fin de esta guerra.

Los dos hermanos se miraron largo tiempo. Uno de ellos estaba pasando por algo raro, su mirada estaba serena, su expresión destilaba una inmensa paz ¿acaso madurez prematura? El otro seguía siendo el gamberro de siempre pero no daba crédito a sus ojos ¿qué pasó realmente? Aunque sintió una gran tranquilidad cuando el pequeño le ofreció una mano para ayudarle a levantarse y curarse sus heridas, pues pronto vendrán los padres de sus respectivos trabajos y no tardarán en enfurecerse por el desorden y el caos que ahora reinaba en la sala. No había explicación a lo ocurrido, se dijo el joven mientras conjuntamente con el pequeño arreglaba el desbarajuste, no me creerán de todas maneras.

– ¿Cómo eh… explicaremos esto a los viejos?

– Les diremos la verdad. Tú trataste de pelear conmigo y tropezaste contigo mismo, solo. Tropezaste tres veces, tres.

– ¡No! Saben que siempre gano… eh… ganaba en nuestras peleas. Nunca ha pasado esto. Pero… eh… asumiré la culpa. No quiero que me vuelvas a asustar de esta manera… Les diré que traté de manejar… eh… el skatespeeder dentro de la sala sin saber que estaba averiado. Será creíble, dado el estado en que estoy, eh… el aparato que se estrelló solito y el florero roto. Pero eh… tendremos que borrar mas manchas de sangre.

– Dalo por hecho.

El hermano mayor sabía que algo no estaba bien, pero ¿algo estuvo bien en su relación con su hermanito? Siempre abusaba del pequeño, obligándolo a tareas vergonzantes o a caer en trampas para hacerlo parecer más travieso de lo que era realmente. Él, en cambio, figuraba como un “tipo interesante” ante sus camaradas de la escuela, experto en travesuras y gamberradas que rayaban con lo delincuencial. Pero aquel momento lo asustó demasiado. Pensó por un fugaz momento en la manera de desquitarse, pero desechó inmediatamente la idea dado que sabía como se portarían sus padres de enterarse la verdad, y además la actuación del chiquillo lo tenía totalmente desconcertado ¿se estaba haciendo su deseo de ser Jedi realidad? ¿Se puede adquirir el poder Jedi con sólo desearlo? Su estrechez de mente evitó mayor profundidad en sus interrogantes, y decidió portarse bien durante un tiempo al menos, llevado por el temor ante un poder desconocido…

[boximg al=derecha txt=]/img/noticias/th/swg1zn3.jpg[/boximg]A muchos años luz de donde ocurrieron estos actos, en la sala de meditación del Templo Jedi de Coruscant, el Maestro Yoda surge de un gran momento de reflexión. El Maestro Windu, que le acompañaba, también abandona la meditación, y se disponía a retirarse, pero algo lo detiene.

– Una gran inflexión de la Fuerza ha habido. Una persona la ha recibido.

– Si, intensa ha sido. Mayor que cualquiera hayamos notado. Lejos de aquí ha ocurrido.

– Si hubiera forma y tiempo de ubicarla, podríamos tener un nuevo aliado de nuestra parte. O quizás al “verdadero” Elegido de la Profecía. Sabes que nuestra confianza en Anakin sigue esperando una demostración definitiva…

– No sabemos, sin embargo, quien la recibió. Pudo ser amigo, enemigo tal vez. Ser pensante o simple animal.

– Pero hemos sentido un uso desarrollado, eso indica a un alguien racional. El caso de Anakin nos ha demostrado, sin embargo, que podemos incorporar integrantes de edad mayor, haciendo especial excepción en la forma de entrenamiento dado el caso que sea.

– Estar de acuerdo no puedo. Esto como una posesión súbita ha sido. Anakin no lo es. Él de nacimiento muy sensible a la Fuerza es. Adquisición posterior no fue. Lo adquirido no dura, es extraño, innato nunca es. Los midiclorianos de pronto no se multiplican. Inexplicable este asunto es.

– Tienes razón Maestro Yoda. No podemos descuidar nuestros deberes actuales, sobre todo con la urgencia que presentan. Aunque si todos los seres vivos son, en mayor o menor escala, sensibles a la Fuerza ¿no cabría la posibilidad de encontrar la forma que más individuos entrenen su sensibilidad? ¿Se podría aumentar la carga personal de los midiclorianos? Nos sería de gran apoyo dado el número de bajas que no deja de afectarnos.

– Maestro Windu, sorprendido estoy. Como un guardián de la tradición Jedi te conocía. Raras en ti encuentro tus expresiones últimas. Pero la urgencia razón no deja de darte. Aunque practicidad a tu propuesta falta. Preparados no estamos para de nuevas formas expandirnos. Además la urgencia de la guerra por nosotros espera.

– Temo, sin embargo, que los Sith puedan encontrar la “vergencia” súbita y sacar provecho de ella.

– Si enemigo es el posesionado, cómo combatirlo la forma veremos. Si amigo es, darse a mostrar hará. Mas respuestas necesitamos. Nuestro deber descuidar no debemos. Maestro Windu que la Fuerza lo acompañe.

– Que la Fuerza lo acompañe. Nos veremos en la Sala de Guerra.

Mientras el moreno Maestro se retira, Yoda continúa su meditación para encontrar alguna respuesta. Pero no pasa mucho tiempo cuando suenan las alarmas de emergencia del Templo y de toda la inmensa ciudad que rodea al planeta. Voces de alerta suenan de todos lados:

– ¡Alarma, Coruscant está bajo ataque!

Escrito por Yoda Stereo / Imágenes por Sifo Dyas

La Mesa de Greedo

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